Pintando el primer lado del triángulo

Tras conocer el diagnóstico, nos pusimos en contacto con la Fundación Quinta y reservamos la primera visita. Fuimos el papá de Gonzalo y yo, y allí nos esperaba Gema López, la directora del servicio de Terapias de la Fundación. 

Gema nos pidió que describiéramos a Gonzalo. Le contamos que Gonzalo es un niño cariñoso, que le encantan las caricias, que le fascinan los encajables, que es muy constante y trabajador. Le contamos también que en las sesiones de estimulación había aprendido algunas cosas en muy poco tiempo, y que estábamos muy ilusionados con sus progresos. 

Ella nos escuchó atentamente y al terminar nos dijo que nuestra actitud iba a ayudar mucho a Gonzalo, porque destacábamos sus habilidades por encima de sus dificultades y que eso es muy importante para su desarrollo.

Estuvimos allí un buen rato y nos sentimos muy cómodos. Gema despertó en nosotros mucha confianza y le comentamos que nos gustaría empezar cuanto antes. La terapia se realizaría en entorno natural tanto en la Escuela Infantil como en casa. Las sesiones se diseñarían teniendo en cuenta las necesidades de Gonzalo, y lo más importante, nos enseñarían a todos estrategias para trabajar las dificultades de Gonzalo. Gema nos dijo que es fundamental que todos vayamos en la misma dirección para no confundir al pequeño.

De la conversación con Gema, supimos que la soledad de Gonzalo se debía a que los objetos eran mucho más interesantes para él que las personas, y que recurría a nosotros cuando necesitaba algo y no estaba a su alcance. Gonzalo nos usaba como instrumentos para coger aquello que quería, lo que se denomina conducta instrumental. Aunque por el nombre puede parecer algo negativo, Gema nos comentó que esta conducta no es mala, es mejor tenerla que no tenerla, en el sentido que el niño tenía intereses y se comunicaba para conseguir lo que quería. 

Salimos de la Fundación con dos tareas prioritarias:

  • volver a ser interesantes para Gonzalo para que quisiera compartir tiempo con nosotros. Esto lo teníamos que hacer jugando con Gonzalo al cucu-trás, a hacerle cosquillas, al escondite,... juegos en los que solo interviniésemos nosotros, sin juguetes. Así, Gonzalo asociaría esos momentos de diversión a nosotros y sólo a nosotros.
  • transformar la conducta instrumental en peticiones donde tuviésemos un papel más activo y donde estuviesen involucradas formas más elaboradas de comunicación, como el señalar y la mirada.

Los niños con un desarrollo normal adquieren las habilidades de comunicación de forma innata. No teníamos ni idea, que el simple gesto que hacen los niños de señalar un objeto y mirar al adulto, en realidad es un acto comunicativo complejo. Al señalar, el niño muestra su intención al adulto y le comunica que quiere el objeto que señala. Después mira al adulto para verificar que el adulto ha recibido el mensaje y que también ha visto el objeto. Normalmente el adulto confirma al niño que ha recibido el mensaje señalando el objeto o diciendo ¡ah! ¡quieres la pelota!. 

 

Gonzalo sin embargo no adquirió esas habilidades comunicativas, por lo que teníamos que enseñarle para qué sirve el señalar y la mirada. Le teníamos que explicar que tanto el señalar como el mirar es el paso previo a conseguir el objeto que desea.

Para enseñarle el gesto de señalar su papá y yo seguimos los siguientes pasos:

  • uno cogía un juguete que le gustase mucho y se ponía un poco alejado de Gonzalo
  • el otro se situaba detrás de Gonzalo
  • cuando alargaba el brazo para coger el juguete, poníamos nuestra mano encima de la suya y le doblábamos los dedos de la mano dejando estirado el índice
  • hacíamos que tocara el juguete únicamente con el dedo índice
  • y justo al tocar le decíamos ¡muy bien! y le dábamos el juguete

También le modelábamos el gesto cuando estábamos viendo cuentos, señalando y nombrando los diferentes dibujos que estábamos viendo.

No tardó mucho en sacar su dedito. Una vez que modeló el gesto, todos los que estábamos a su alrededor le hacíamos señalar de forma previa a obtener el objeto, todos hasta su prima Carmen, sólo 6 meses mayor que él, le decía: Gonzalo, ¡el dedito! Gonzalo arrugaba las cejas con expresión de ¡¿¡¿también esta mona diciéndome lo que tengo que hacer?!?! :)

De este modo, ayudamos a Gonzalo a pintar el primer lado de su triángulo comunicativo.

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