Como pez en el agua

Gonzalo nació en enero, por lo que aún le quedaba un año más de Escuela Infantil. El siguiente año sería de los mayores, estaría en una clase de 2-3 años. En la Escuela Infantil los mayores van a clase de natación, así que en septiembre Gonzalo empezaría su último curso y las clases de natación un día a la semana.

Las clases de natación iba a suponer un gran reto para Gonzalo. Los niños salen en fila de la Escuela Infantil y van al edificio de al lado, que es un gimnasio y donde está la piscina cubierta: el vestuario, el gorro, la piscina, esperar turnos,...

En esa misma piscina imparten clases de matronatación, así que en junio empezamos los dos las clases. Mi objetivo era que Gonzalo se familiarizase con el vestuario, la piscina, el gorro,... Así cuando fuese a la piscina con sus compañeros, no todo sería nuevo para él.

El primer día de piscina Gonzalo exploró todo: el vestuario, las duchas, los bancos. El sitio le gustó y el agua mucho más, el pequeño es un pececillo.

Una vez cubierto el primer objetivo, descubrí que la piscina era un momento muy bueno para que Gonzalo y yo mantuviésemos contacto ocular y que nos lo pasáramos muy bien los dos juntos. Así que durante la clase de natación nos dedicábamos a jugar en el agua, mirarnos uno al otro y a reír mucho. La mayoría de las veces no seguíamos las instrucciones de la monitora, estábamos muy entretenidos chapoteando en el agua y moviéndonos de un lado a otro.

Le comenté a la monitora que Gonzalo tenía autismo, y que mi objetivo no era que Gonzalo aprendiese a nadar, sino hacerle el camino más fácil para cuando empezase la natación el próximo curso y que mi segundo objetivo era que lo pasase bien conmigo y me mirase mucho.

La verdad es que ya hemos conseguido el segundo objetivo, pero nos gusta tanto a ambos jugar en el agua que seguir las instrucciones de la monitora de piscina sigue ocupando el siguiente lugar en la lista, y no sabemos si llegaremos algún día. ¡No tenemos prisa!

En cuanto a las sesiones de piscina en la Escuela Infantil, comentamos con Silvia, su terapeuta, que nos gustaría que ella le ayudase en la piscina y asistiera con él a clase. Ella aceptó encantada y desde el inicio le acompaña.

Las sesiones de natación en la Escuela Infantil van genial, al principio Silvia se metía en el agua con él, pero poco a poco se ha ido apartando y ya le observa desde fuera. Gonzalo ha aprendido a esperar turnos y también se ha soltado en el agua, tanto que ya cruza la piscina de un lado a otro sujeto a su churro. Además, en el vestuario también trabaja su autonomía quitándose y poniéndose la ropa. ¡Mi chico es un auténtico campeón!

   

Sigo pensando en el futuro pero de una forma diferente. Ya no me planteo si Gonzalo será capaz de hacer algo o no, él me ha demostrado que es capaz de hacer muchas cosas. Ahora mis esfuerzos se centran en anticipar todo aquello que esté en mi mano y ayudarle para que disfrute realizando nuevas actividades y todo le sea un poco más sencillo.

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